Los colegiados Tomás García y Antonio A. Haro, ganadores del concurso para la Consolidación y Puesta en Valor del Monasterio de San Isidoro del Campo

Publicado el 25 noviembre, 2021

El equipo técnico formado por los arquitectos colegiados COAS Tomás García y Antonio A. Haro, la arquitecta Regina Galvez, los arquitectos técnicos Juan Manuel Macias y Ubaldo Espino, y el arqueólogo Florentino Pozo, ha resultado ganador del concurso para la Consolidación y puesta en valor del Monasterio de San Isidoro del Campo en Santiponce (Sevilla).

El antiguo Monasterio de San Isidoro se encuentra actualmente en un estado de abandono y semi-ruina que espera ser consolidado o incluso redescubierto con esta actuación tan esperada. El mal estado de conservación del conjunto patrimonial requiere de una actuación urgente, que consolide su valor patrimonial, a la vez que garantice su seguridad y estabilidad estructural y constructiva. De este modo y en este escenario de trabajo, el equipo técnico ganador del concurso propone entender la consolidación del monasterio como oportunidad futura de abrir algunas de sus puertas de manera controlada y segura, como una forma de re-inventarlo y re-conocerlo como soporte en bruto. Una propuesta que mostrara las huellas de su pasado, a modo de contenedor arquitectónico neutro en el que sean las personas y sus instituciones las que decidan su uso. La propuesta servirá, por tanto, para consolidar su fábrica y dejarlo intacto, así como para rendir homenaje a la enorme personalidad atesorada por el inmueble durante siglos.

La propuesta

En este sentido, la intervención propuesta interpreta el lugar como un contexto continuamente alterado a lo largo de los siglos, un espacio cambiante producto de las transformaciones sucedidas en el tiempo que lo han ido marcando con diversas huellas y cicatrices. De esta forma se consolida el inmueble con carácter de urgencia, restaurando sus elementos en base a las 4 actuaciones prescritas (Claustro Jerónimo, Torre, Almazara y Pósito) y abriendo un camino de oportunidad que este equipo técnico quiere poner en valor. Este trabajo ofrece una manera de pensar en la arquitectura como contenedor en bruto, que permite abrir este espacio, poco a poco, de manera controlada y segura, a la ciudad y a sus ciudadanos.

Con la propuesta buscan consolidar lienzos y muros que, como si de un fondo neutro se tratase, harán posible que sobre ellos se puedan llevar a cabo ciertas acciones públicas que no solo se mostrarán a si mismas, sino que darán visibilidad a la inversión y al esfuerzo realizado por esta Consejería de Cultura.

La intervención así pensada dejaría ver la fábrica de ladrillo y sus morteros de cal, tatuados por el rastro del tiempo que, como diría Marguerite Yourcenar, es el mayor de los escultores, mostrando las heridas de los distintos lienzos, las fenestraciones corregidas y la escala de los muros pautados por los huecos. Esta actuación hará posible la consolidación y el uso de este espacio limitándose a desvelar las capas que ocultaban sus muros, bóvedas y lienzos de piedra y ladrillo.