Jiménez & Linares, primer premio en el Concurso Internacional Richard H. Driehaus por tercer año consecutivo

Publicado el 30 junio, 2020

Los colegiados COAS Elena Jiménez y Abelardo Linares, del estudio Jiménez & Linares, han sido galardonados, por tercer año consecutivo, con el primer premio en el Concurso Internacional de Arquitectura Internacional Richard H. Driehaus gracias a la propuesta AD FONTES (con la colaboración de Paloma Márquez) para el emplazamiento de Alzira (Valencia), a lo que se le suma una primera mención con la propuesta DECAMERON (con la colaboración de Paloma Márquez y David Vera) para Guadix (Granada), dentro del mismo concurso.

Estos son los proyectos:

AD FONTES

RESUMEN:

El proyecto busca volver a las fuentes en una doble acepción. Por un lado, volver a las fuentes en el sentido humanístico y metafórico del término, volver a las formas tradicionales de esta ciudad, a los materiales naturales, y a los colores ocres de sus fachadas. Por el otro volver a las fuentes desde un punto de vista literal y casi estratigráfico, un poco como Miguel Ángel o Rafael visitaban las ruinas subterráneas de Roma, y hoy en día la arqueología nos descubre el pasado de las ciudades, de ese mismo modo se busca descender hasta encontrar los cimientos de la Iglesia de Santa María y abrir sus restos al público.

DESCRIPCIÓN:

Ad fontes es una locución latina que significa literalmente “a las fuentes”, en el sentido de volver a las fuentes. La frase fue utilizada por los humanistas como una invitación a volver la mirada hacia el origen de las cosas, estudiar a los clásicos y en definitiva a recuperar la tradición greco-romana.

Para los tratadistas del renacimiento, toda gran ciudad debía aspirar a ser el eco de las ciudades antiguas, del mismo modo que para Vitrubio, el templo griego era un eco formal de la cabaña primitiva. La tradición sería por tanto ese eco que comunica diferentes épocas, y la investigación de las fuentes, la única forma de no desvirtuar el mensaje, o incluso de recuperarlo, de restaurarlo. Ad fontes se convirtió por tanto en una metáfora de la recuperación del pasado, una imagen poderosa por la que sumergirse en los textos antiguos era como descubrir una fuente de la que manaba la historia.

Sin embargo, lo que hace tan interesante esta máxima, es que su imagen abstracta acabó por tener un correlato físico y real, cuando los arquitectos renacentistas comenzaron a aplicarla con literalidad: descendiendo a los restos subterráneos de la antigua Roma, para descubrir grutas, frescos y estatuas que habían permanecido al abrigo del expolio medieval. En ese momento, la idea de un conocimiento “ad fontes” adquirió una dimensión mucho más profunda y estratigráfica, pero a la vez increíblemente inmediata. Por primera vez, daba la sensación de que el pasado se podía sondear, que la ciudad se había ido acumulando como un legajo bajo nuestros pies, y que las fuentes, aunque enterradas, aún seguían ahí, aún se podían tocar.

Estas líneas, que de algún modo resumen el origen común de la restauración y la arqueología en el renacimiento, constituyen el sustrato sobre el que se ha levantado este proyecto de restauración del sector oeste de la Vila de Alzira.

Alzira es ante todo una ciudad estratigráfica, una ciudad enclavada en un meandro del Júcar, que a lo largo de su historia ha ido levantándose, capa tras capa, para protegerse del río. Por ello, el proyecto debía asumir esa condición arqueológica, recuperando los restos de la antigua iglesia de Santa María, para devolver a la ciudad el templo que mandara construir Jaime I el Conquistador.

Excavación de la iglesia de Santa María

El proyecto excava las trazas de la iglesia de Santa María, destruida durante la Guerra Civil, manteniéndolas como un gran vacío urbano que sirve de punto de encuentro entre el presente de la ciudad y los estratos sucesivos de su pasado.

Frente a la operación arqueológica que supone la excavación de los restos de la iglesia, convertidos en un volumen en negativo, se propone la recuperación de su campanario. Una torre que fue demolida en 1950 y de la que se dispone de suficiente documentación gráfica, para permitir su reconstrucción con técnicas tradicionales, en unas condiciones similares a las originales. Esta torre, que aparece citada por Madoz y diferentes viajeros románticos, constituía el gran hito occidental de la Vila de Alzira, motivo por el cual aparece en numerosas fotografías históricas de la ciudad.

El proyecto de recuperación de la Vila de Alzira sitúa esta torre en su posición original, como principal elemento simbólico de la reconstrucción de la parte occidental del cascos histórico.

La imagen desde el río

Siguiendo esa misma premisa se busca recuperar la imagen clásica que tenía Alzira hacia el Júcar; una estampa que aparece en diferentes grabados románticos y postales de finales del siglo XIX, donde se aprecia el perfil horizontal de la ciudad, interrumpido por la iglesia de Santa María y su campanario. Sin embargo, esta recuperación no se realiza de forma literal por dos motivos: el primero es que se ha descartado la reconstrucción de la Iglesia de Santa María, el segundo que malecón que acompañaba la muralla se aumentó de cota a comienzos del siglo XX, por lo que el alzado exterior de la muralla se nos presenta más bajo que en las fotografías históricas.

Para solventar ambos problemas, se ha optado por disponer una pérgola sobre la muralla que marca la cota a la que se encontraban los arcos ojivales de la primitiva iglesia. De forma paralela la pérgola también sirve de elemento de transición entre la nueva puerta de acceso a la muralla y el campanario, incorporando un elemento de sombra, característico de las alquerías de la zona.

Trama urbana y recorridos

El proyecto propone la recuperación de la trama urbana histórica con una densidad de uso y unas tipologías edificatorias similares a las que existían en el pasado. Para ello se han respetado las alineaciones que aparecían en los planos históricos, con dos excepciones. Por un lado, se ha asumido la recomendación del Plan Especial de Protección de establecer una calle como ronda paralela a la muralla, para favorecer su puesta en valor y facilitar el acceso a las nuevas viviendas. Por otro lado, se han prolongado los adarves existentes al sur y al norte de la zona, creándose un eje perpendicular a la Calle Mayor, que permite unir el Puente de Hierro al Parque de Arabia Saudí, favoreciendo una circulación transversal dentro del conjunto.

Trazado de la muralla

Para fijar el trazado de la muralla, se han comparado las determinaciones del Plan Especial de Protección de la Vila de Alzira con las diferentes planimetrías históricas de la ciudad, datadas en 1721, 1823, 1926, 1927 y 1936. A la luz de esta documentación, se localiza una zona donde existen incongruencias en el trazado de la muralla. Se opta por recrear el trazado fijado en el plano de 1927, donde la muralla se prolonga hacia el sur hasta alcanzar la rotonda situada al oeste de la Avenida Luis Suñer; lugar donde se ubicaba una importante torre de base circular. Una vez establecido este trazado se ha modelado el conjunto urbano y el resultado se ha comparado con diferentes fotografías históricas, para corroborar esta hipótesis. En cualquier caso, ante el margen de incertidumbre en el recorrido de la muralla en la zona sur de la intervención se ha optado por disponer en esta zona un equipamiento público cuya posición y extensión pueda ser redefinida en base a futuras excavaciones arqueológicas.

DECAMERON

El acceso histórico a la Alcazaba de Guadix se realiza por la Puerta-Torre ubicada en el área sureste del recinto amurallado. Originalmente, la llegada a esta primera edificación que comunicaba con el interior de la fortificación se llevaba a cabo mediante un camino sinuoso que evitaba la entrada directa. Esta tradicional forma de acceder a las construcciones es una de las características de la arquitectura musulmana y más concretamente de la arquitectura nazarí que conformó la Alcazaba. Con el adosamiento de las viviendas a la muralla, esta senda fue desvirtuada, configurándose una nueva entrada más directa desde la actual Plaza Pedro de Mendoza.

La propuesta busca recuperar esta llegada tan característica de la arquitectura musulmana, un recorrido anguloso que configura un paseo arquitectónico y evita así una entrada recta y libre de misterio. Además, la construcción de plataformas permite salvar la diferencia actual de cota entre la Puerta-Torre y la plaza, de hasta 11 metros de desnivel. El aterrazamiento del nuevo edificio permite, por un lado, entenderlo como un edificio-escalera, que posibilita un ascenso suave de terraza en terraza, contemplando el paisaje de Guadix en diferentes momentos y perspectivas. Esta imagen de sucesión de terrazas se inspira en la Fundación Rodríguez Acosta, verdadero modelo en la incorporación de los recursos de la arquitectura tradicional para el desarrollo de un edificio paisaje.

Por otro lado, bajo la construcción que permite llegar a la Puerta-Torre se ubica un Centro de Interpretación del entorno de La Alcazaba, de este modo el edificio podría entenderse al mismo tiempo como terraza y como excavación, haciendo referencia a las casas cuevas colindantes y de gran interés cultural e histórico en el municipio. A este Centro de Interpretación se accede desde el lateral, al este de la Puerta-Torre, cruzando previamente un jardín. De nuevo la llegada al edificio se hace de manera escorada, como marca la tradición musulmana. El programa albergará una zona de acceso, un área de venta de tiques, aseos, oficinas y sala expositiva, así como la incorporación de ascensores que comunican con el nivel superior de la Puerta-Torre, permitiendo una accesibilidad total a personas con movilidad reducida. A lo largo de las plataformas y a distintos niveles se elevan espacios de sombras mediante pérgolas de madera cubiertas de vegetación.

La construcción del edificio de acceso a la Puerta-Torre se lleva a cabo con materiales y sistemas constructivos tradicionales. Destaca el uso del ladrillo como elemento base, así como la construcción con muros de carga y arcos, que otorgan una espacialidad singular al interior del edificio. Por otro lado, de cara al exterior, el empleo de una geometría regular concede un aire atemporal a la construcción.

La Plaza Pedro de Mendoza se reestructura y continúa el lenguaje del nuevo edificio. Se crea una nueva trama de arbolado empleando como variedad autóctona el almendro.

La intervención sobre el Palacio de los Saavedra busca mantener la estructura original del mismo, adaptando dentro de él un nuevo uso de hotel. La planta baja aglutina los usos públicos como el vestíbulo de llegada o la cafetería, relegando a la planta primera la mayoría de las habitaciones. De forma paralela se eliminan las construcciones menores en el área más meridional, creando un patio trasero al hotel con vegetación y piscina.

Sobre la iglesia adyacente al Palacio se interviene dotándola de un uso expositivo y de restauración, pudiendo funcionar de manera autónoma al hotel, pero comunicándola con el mismo. En la zona central, donde originalmente se proyectó una cúpula nunca construida, se crea un nuevo patio ovalado, donde se inserta un pequeño jardín que sirve de nexo entre el área expositiva y el restaurante.

Por otro lado, el conjunto de viviendas que entra dentro del área de intervención del proyecto es diseñado respetando las trazadas urbanas y manteniendo una estructura de la propiedad similar a la existente de viviendas unifamiliares de planta baja más dos, con algunos comercios en planta baja y un patio interior de manzana ajardinado.

Además, la intervención se completa con un área de aparcamientos subterránea con acceso por el norte y que ocupa la mitad este de la manzana de las viviendas. Entre las casas y el Palacio de los Saavedra se ubica un espacio urbano a modo de plaza que sirve de colchón y permite atravesar toda la pieza.