Juan Ruesga Navarro, académico numerario de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría

Publicado el 13 enero, 2020

Por su interés, reproducimos la entrevista del colegiado COAS Juan Ruesga Navarro a Diario de Sevilla, quien será nombrado el próximo martes, 14 de enero, académico numerario de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría. En el acto, leerá un discurso con el título La comitiva. Una reflexión sobre las procesiones de Semana Santa de Sevilla, en la que profundiza sobre el papel del cortejo y el paisanaje que rodea la representación de la Pasión y Muerte de Jesucristo. Este arquitecto y escenógrafo, “observador vocacional” en su tarea de columnista, ha encontrado en la metáfora el pilar fundamental de su ebullente actividad creativa.

-Ha reflexionado sobre la naturaleza de las comitivas en la Semana Santa. ¿A qué conclusiones ha llegado?

-A que el foco de las procesiones se dirigió a los pasos en algún momento, pero me gusta recordar que lo que es importante es la procesión completa, desde la cruz de guía hasta el último músico, pues representan la historia acumulada de la cofradía en la calle a lo largo de los siglos.

-La Semana Santa es ante todo imágenes.

-En una de las partes del discurso de recepción académica me refiero a frisos, grabados y cuadros de artistas costumbristas, como Gonzalo Bilbao o Joaquín Sorolla, y en otra hago un recorrido de imágenes recientes, muchas de ellas de mi primo Manuel Ruesga Bono, estupendo fotoperiodista de esta casa que tiene una mirada sensible, y que ponen de manifiesto que siempre hay una posibilidad de encontrar un momento o un lugar para darnos cuenta de la importancia de la comitiva.

-¿Cuánto hay de escenificación teatral en una procesión de Semana Santa?

-El comportamiento del público en relación al desfile es todo un aparato escénico. En la comitiva se producen relaciones del público dentro y fuera de la procesión y de la procesión en relación a la ciudad y al revés. La raíz está en el mundo clásico, como casi todo.

-Teatro en griego es mirar. ¿Pretende la arquitectura ser tan admirada como habitada?

-La diferencia fundamental entre las dos artes es que la arquitectura trata de perdurar y el teatro es efímero. En las procesiones hay un equilibrio: siempre están cambiando y siempre son iguales en apariencia.

-¿Cuánto de teatro hay en la denominada arquitectura de autor?

-La arquitectura es una cosa y el conocimiento de la figura del autor es otra. La arquitectura, tal como se conoce hoy, es hija del Renacimiento. Los príncipes siempre han buscado hacer pública su capacidad de influir en el presente y el futuro por medio de la arquitectura. Pero que haya arquitectos estelares no es reciente ni relevante. No le resta mérito a la obra de Gaudí o de Aníbal González su condición de estrellas.

-Como escenógrafo, ¿se encuentra más cómodo con la libertad de una obra surrealista de Lorca o con las ataduras de una comedia de Lope?

-La libertad siempre sienta bien. La creación escénica no es la realidad sino una metáfora poética. El teatro ha sobrevivido porque el vínculo que establece con el espectador es poético. La aparición de la fotografía y del cine libera al teatro de la necesidad de contar algo real. Y el escenario es una caja poética.

-En uno de sus relatos, Borges hace a unos personajes plantear el mapa de un imperio a escala real. ¿El rigor científico merece la ironía?

-A mi juicio, Borges no ironiza con el rigor de la ciencia sino con las herramientas que nos sirven para transmitir el conocimiento. Un mapa es una representación de la realidad, no es la realidad, como los escenarios.

-Autor de los planos del Pabellón de Andalucía en la Exposición Universal de 1992 en Sevilla, ¿cuánto hay de Andalucía en el edificio?

-El mármol blanco entroncaba con la tradición clásica; la piedra granadina, con la cultura renacentista y barroca; y la torre inclinada era una especie de voluntad de dinamismo hacia el futuro. Escogimos un revestimiento de cerámica, que es uno de los elementos más tradicionales y antiguos. Barro, minerales y fuego. Me pareció una metáfora contar que el futuro se podía hacer a partir de nuestro pasado más elemental.

-¿Qué es para usted Andalucía, ahora que tanto se reivindican las identidades?

-Hay que tener conciencia de las dificultades de encontrar una identidad. Andalucía tiene 80.000 kilómetros cuadrados y más de ocho millones de habitantes. Su construcción histórica no es homogénea y el territorio es muy diverso. Eso da riqueza, pero dificulta el hallazgo de una identidad única.

-Complicado, sí.

-Creo que tenemos que hacer un esfuerzo, no tanto para encontrar una identidad, sino para, desde un punto de vista práctico y contemporáneo, superar lo que hemos sido históricamente durante los últimos siglos, un sistema de ciudades.

-¿Cómo dibujaría el croquis metafórico de Andalucía?

-Como una serie de edificios que habría que conectar y que debería ser identificado desde fuera como un conjunto. Si no conseguimos superar ser un sistema de ciudades individuales, difícilmente tendremos una presencia en el mundo actual. Eso pasa por potenciar las infraestructuras de las comunicaciones en todos los sentidos. Sin políticas de movilidad no hay igualdad.