14 febrero – 3 abril: Exposición de Pedro Zamora en Arquemí

Publicado el 14 febrero, 2020

El 14 de febrero, a las 20:30, se inaugura en ARQUEMÍ Estudio y Galería de Arquitectura (C/ Orfila, 10) la exposición “Sagrado y profano”, de Pedro Zamora, muestra en la que el COAS ha participado en el marco del convenio de colaboración COAS-Arquemí .

La muestra podrá visitarse hasta el próximo 3 de abril en horario de lunes a viernes de 17:00 a 21:00.

TITO LIVIO, MÁRTIR

Una habitación cerca de La Malagueta llena de libros viejos y antiguas molduras doradas. La mayoría de las ventanas permanecen cerradas a cal y canto, con las persianas y las cortinas echadas. La luz natural es tenue y llega indirecta a través de otras estancias. Su aportación es ínfima respecto a la iluminación de los puntos de luz artificial. En el suelo yace Tito Livio, despellejado como San Bartolomé y crucificado como Jesucristo. A los pies de la cruz, las entrañas de Tito se muestran ordenadas como simbólica ofrenda.

Pedro Zamora es capaz de leer en los libros y cuadernos viejos claves que trascienden los propios textos. A veces su lectura se concentra en encontrar huellas que el tiempo ha ido marcando en sus páginas, como manchas o líneas producidas por la sombra o la suciedad, o restos de viejos colores desvaídos por la luz. En otras ocasiones se concentra en las marcas que dejaron antiguos propietarios o lectores ocasionales, como dedicatorias o anónimas inscripciones y dibujos. Otras veces le interesa la propia geometría del libro en sí o la de los grafos que contiene.

En general, sus ojos leen aquellas viejas encuadernaciones atentos a la capacidad que tienen de ser transformadas en objetos artísticos. Así, va arrancando páginas y portadas, combinándolas entre sí y con marcos reciclados que enfatizan el efecto plástico de los papeles y cartones escogidos. Su obra es minimalista y en ocasiones alcanza el misticismo.

Es una especie de manifiesto a favor del reciclaje y de la sencillez a través de la belleza y de la delicadeza.

Habitualmente, el arte representa a San Bartolomé como un hombre que lleva un cuchillo o una piel humana a cuestas. Ambos casos aluden al momento de su martirio, pues fue desollado. Salvo por estos atributos, la figura humana suele ser un hombre convencional vestido con pocas variantes.

En la Catedral de Milán hay una escultura del apóstol muy diferente de la iconografía habitual, tallada en piedra por Marco d’Agrate en 1562. La figura masculina se alza a los pies de uno de los pilares góticos. Tiene un aire clásico en sus proporciones y en la postura, parecería que incluso en su indumentaria. Sin embargo, la toga no es
una tela sino el pellejo que le falta al cuerpo, que se muestra como una lección de anatomía de Leonardo o de Rembrandt, enseñando todos los músculos y tendones sin piel. Desde luego, es la representación más sincera del martirio del santo.

Dos siglos después, se reeditaban los doce volúmenes que conocemos de la Historia de Roma de Tito Livio en una edición encuadernada en piel.

Tras rodar por el mundo durante siglos, terminaron en manos de Pedro Zamora.

El artista se fijó en las marcas que el tiempo había grabado en las pastas y lomos de los diferentes volúmenes. Combinándolos entre sí, tanto las pastas como sus marcas adquirían un nuevo sentido plástico y contemporáneo, a la par que atemporal, construyendo con ellas una cruz.

Pero concatenar los libros unos junto a otros en la forma deseada, simplemente abriendo cada volumen por una página cualquiera para mostrar sólo su envoltura de pellejo formada por las dos pastas y el lomo, escritos en latín, hubiera sido un juego de niños. Era necesario el martirio. Cada volumen es despellejado para usar sólo el envoltorio, en un acto radical de creación / destrucción. Las páginas interiores, ordenadas por volúmenes, se colocan como ofrenda a los pies de la cruz construida con las pieles que durante siglos las protegieron.

De esta manera, Tito Livio se muestra al observador contemporáneo con el doble martirio del desollamiento y la crucifixión. Así pueden admirarse a la vez su aspecto exterior, el interior y la belleza digna de su envejecimiento centenario.

Es difícil encuadrar la obra de Zamora en una disciplina concreta.

Podríamos considerarla collage, aunque también escultura.

La serie que presentamos en ARQUEMÍ es una buena selección de sus últimos trabajos, de variados formatos y soportes. Hay obras cargadas de significado y otras que son simples ejercicios compositivos.

La aparente sencillez requiere una mirada cuidadosa y atenta a la belleza intrínseca de los objetos que se reciclan y a la armonía que el artista les procura integrándolos, acercándolos, separándolos o superponiéndolos. Esta exposición es un homenaje a la arruga, al pliegue, a la mancha, al tono desvaído y al silencio.

Guillermo Carrillo Ayala